El soñador hechizo de tus ojos, / junto al romanticismo de mi
vida, / es como un cántico de miel vertida / para consolación de mis antojos.
Rendido te adorara yo de hinojos / con la llama de amor más encendida, / y lavando la
sangre de mi herida, / me pusiera a jugar con tus abrojos.
Yo daría por ti la emoción plena. / palpitando en el linde del ensueño / de una
noche de lírica verbena.
Yo probara también de tu beleño / y buscara tu miel para mi pena, / pero.., divina
mía: ¡es ésto un sueño!
A este bello soneto, del poeta Carlos Concha Boy, le puso música Laínes Ríos, y
desde entonces ha pasado a integrar nuestro acervo popular. Pero, ¿quién era Carlos
Concha Boy? Vivió poco, apenas 19 años. Nació en el Callao el 10 de enero de 1910 y
falleció el 5 de setiembre de 1929, dejando valiosos manuscritos y poemas que se habían
publicado en periódicos y revistas, que era necesario recoger en una obra. Estas razones
movieron a un grupo de personas a formar una comisión que se encargase de reunir fondos
para editar el libro del joven lirida. La integraron Dora Mayer, Remigio B. Silva, Félix
Soto, Néstor Gambetta, Felipe M. Boisset, Teresa Torres y Alejandro Cruz Montero.
El 23 de noviembre, a los dos meses y medio de su muerte, se realizó en el Teatro
Municipal del Callao una velada, a la que se había invitado a la colectividad porteña
que, sensible al propósito, acudió en número inusitado y fue así como se pudo hacer
realidad el libro. Como homenaje a la joven promesa desaparecida, se le puso el nombre de
Anhelos de Redención.